martes, 20 de octubre de 2009

Mi recámara, donde las hadas cobran vida

En él siempre es de noche, el amanecer jamás avisa su arribo. Su oscuridad estremece por tratarse del sitio más recóndito, pero basta con poner un pie dentro para percatarse de que se pisa terreno de hadas, sueños y misterios. Su área es pequeña, y para quienes no saben soñar, simplemente les resulta asfixiante, un cuarto frío entre paredes y sombras.

A la izquierda de donde debiera estar una puerta están apiladas una y mil historias: La familia vino del norte, Un mundo feliz, Clemencia, Cien años de soledad, y demás cientos de libros percudidos de polvo, aunque no de olvido ni desdén. Encima, sobre una repisa, Don Quijote de la Mancha hecho de papel maché se levanta de manera imponente sujetando un libro con la mano izquierda, e intentando demostrar, sin lograrlo, que durante la noche, cuando todos duermen, se pasea feliz entre el librero buscando historias para sugerir otras tantas a su creador.

En el techo yace un foco, aparentemente solitario en medio de la nada y exactamente debajo de él una litera se levanta, la cama de arriba muestra una imagen que depende del ánimo de quien la habita, algunas veces arreglada con extrema preocupación y, otras tantas, desaliñada hasta más no poder; y la cama de abajo, esa, esa, es cosa aparte.

Un escritorio descansa en el fondo, pues sobre sí sólo lleva el peso de una computadora, en cuyo monitor se ve reflejada la silueta de quien escribe sobre su teclado, sí, de aquella mujer de ilusiones y sueños locos. Osos de peluche y flores de plástico reposan bien acomodados en el lugar que les corresponde, principalmente en una repisa, haciendo notar que los recuerdos, las amistades y los viejos amores jamás se olvidan.

En el armario viejo, una blusa aquí, otra allá, y los pantalones revueltos como si se tratara de una mezcla de colores y sabores. ¿Y los zapatos? Pues quién sabe, uno está debajo de la silla, pero del otro ni idea, se desconoce por completo su paradero. ¿Y las chamarras? La morada está envuelta en las sábanas de la cama, y la azul se esconde debajo de las almohadas.

Para muchos el lugar es un verdadero desastre, y en realidad eso es. Sin embargo, al entrar a él por las noches, después de un día tedioso, donde la monotonía y el cansancio se hacen presentes de manera continua, algunos se ven envueltos por la magia que hace creer que se encuentran en el lugar más seguro sobre la faz de la tierra.

De la nada frotan briznas de ideas, como si de luciérnagas se tratara, que hacen sentir descanso, confortabilidad y regocijo tras un mal día. De pronto, lo único que se desea es encontrar la almohada y las sábanas de la cama, sí, de aquélla que está en las alturas y que casi llega al cielo. Entonces, desaparece la poca luz artificial proporcionada por el foco solitario, y frente al cuerpo recostado aparecen una y mil estrellas fluorescentes que llevan por un viaje a través del cosmos de los sueños y las ilusiones.

La mente comienza a volar, y la imaginación a hacerse cada vez más fuerte, teniendo como principales testigos a la noche y con ella a la oscuridad. El universo está allí, en frente, y alrededor sólo hay nada, pues nada aparece ante la vista.

Los cuentos de hadas donde soy la principal protagonista comienzan a desarrollarse, el príncipe azul aparece, las metas se cumplen y cada sueño anhelado se va convirtiendo en realidad. Y si voy al pasado veo, siento, miro y toco a los que no he tenido cerca durante años, donde su ausencia ha sido su único reflejo.

El viaje comienza, y en un recorrido a través del espacio y del tiempo se va dando poco a poco, partiendo de una de las estrellas que yacen en el cielo. Voy al pasado, al presente y luego al futuro para regresar una vez más.

Por ello mismo, quien entra a esta recámara puede hacerlo sin ningún problema, pero no se perdona, bajo ningún concepto, que no sepa volar.

Para quien no sepa volar, ni soñar, ni viajar, seguirá siendo la misma recámara desordenada de siempre, pero bueno, quizás esa sea la visión loca de su pobre soñadora.

1 comentario:

  1. Cada vez escribes mejor, Jocelyn. Te mando un saludo y espero que dejes algo tuyo por aquí con alguna frecuencia.

    Por cierto, una nueva lectura de estos apuntes tuyos me reconfirmó lo que ya te había comentado: se nota que te gusta mucho la palabra "yacer", creo que la usas en todos tus escritos a excepción quizá de uno o dos... je, je... las cosas en las que se fija uno.

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